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lunes, 19 de noviembre de 2012

El lado oscuro de las bodas, como la vida misma

Cuando ha pasado tu gran día siempre quedan los maravillosos recuerdos: lo rápido que pasó, la gente que te acompañó, lo bien que salió, lo emocionada que estabas, todo el trabajo durante tantos meses bien merecieron la pena, el encuentro con familiares, amigos y allegados, el amor infinito que se respira por doquier...pero nadie te cuenta, ni tú quieres recordar, la mierdecilla que has dejado atrás para llegar, vivir y recordar ese maravilloso día como único en tu vida.

Cuando me comprometí y comenzamos a hacer la lista de la boda, los invitados, tratamos de ser conscientes del tiempo en el que estamos y también la edad que tenemos, no es lo mismo casarse a los 20, 25, 28 que a los 36 o ser tu segunda boda (que no era mi caso pero sí el de mi marido), el hecho es que no invitábamos por invitar, fuimos prácticos, realistas e incluso algo escuetos.
Hasta ahí nos pudo la madurez.
Cuando enviamos las invitaciones y en el grupo de Facebook que habíamos creado comenzaron las reacciones parecía que realmente comenzaba la fiesta y así fue, con todos sus pros y sus contras.

Como digo, nadie comenta lo malo de organizar una boda ya que después del evento, la mierda mejor no recordarla pero seamos sinceros, existe el lado oscuro de las bodas!



En nuestro caso nos lo encontramos con la poca moralidad, saber estar y educación de la gente, sin mencionar las decepciones de los que considerábamos amigos.
El hecho de estar invitado a una boda no debe ser una obligación y, me repito, viviendo los tiempos que vivimos es más que entendible que haya gente que por mucho que quiera no pueda asistir o, en su defecto, no pueda agradecerte con un regalo su asistencia, etc...pero todo eso ya lo teníamos en cuenta y los que fueron sinceros con nosotros, a día de hoy, sólo podemos quererles más, pero esos 4, 5, 6 capullos que ni dieron la cara, que incluso perseguimos para saber si vendrían o no, que insistimos para cerrar listas y poder cuadrar mesas, esos mal educados por no llamarles de otra manera, que jugaron al perro y al gato para luego no venir en última instancia o no dar señales de vida, dejando mensajes absurdos en tu muro tipo: ¨no doy contigo y mira que te llamo¨;  capullos!, si puedes dejarme ese mensaje también puedes molestarte en enviarme un privado y dar la cara como Dios manda, ya que eres demasiado cagado como para decírmelo de viva voz.
Pues sí, nos llevamos grandes decepciones aunque a día de hoy, a mí, personalmente, me ha servido para abrir los ojos y saber quien vale o no la pena y eso que a mis 36 ya había hecho la cruz a muchos y deje de invitar a muchos otros por no querer tener la boda llena de ¨conocidos¨, quería sólo gente cercana de verdad. Y mi madurez dejo paso a una reacción humana, no sé si infantil, pero humana un rato, cagarme en todos ellos como estoy haciendo ahora, incluso en algunos casos borrarlos del Facebook, fuera, de mi vida por completo.

Para mí ese ha sido el lado oscuro de la boda y no se han librado familiares, aunque digamos que los familiares son impuestos y los amigos, esos por los que luchas y batallas a diario los eliges tú con lo que la decepción es mil veces peor porque te dices: ¨joder, que mal elijo a los mios¨.

Con todo, casarse vale la pena, el esfuerzo de meses, porque hay muchísimo trabajo en una boda, para que pase como un suspiro, el ver quien es un rata, el que no tiene decencia, ni perdón, ni vergüenza, con todo casarse vale la pena, no cambio ese día por nada, fui, como se dice habitualmente, la mujer más feliz del mundo dando el: ¨sí quiero¨ al amor de mi vida y repetiría una y mil veces a pesar de todo y con todo.

Es como la vida misma, siempre te encuentras a más de un caradura, más de un falso amigo, más de una decepción pero con todo, vivir es una maravilla. Y esta última frase traerá cola, una nueva entrada que dedicaré a esa gente que hace plantearte si eres de bueno gilipoyas o, simplemente, te hace darte cuenta que todo es como tiene que ser: la vida misma.

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